Animismo
El animismo (del latín anima, “alma”) es un conjunto
heterogéneo de creencias religiosas que tienen en común la idea de que todas
las cosas del mundo real, desde animales, plantas y seres humanos, hasta
objetos inanimados y paisajes, poseen una vida anímica. Es decir, sostiene que
la naturaleza está poblada por espíritus inteligentes o por conciencias
místicas despiertas.
El animismo es un rasgo fundamental de las culturas ancestrales o los pueblos primitivos, que refleja su estrecho vínculo imaginario con el mundo: se trata de una mirada que reconoce alrededor la presencia reconocible de voces, inteligencias y deseos, que establecen con la humanidad un diálogo de algún tipo. Por eso se considera el germen fundacional de las religiones.
Sin embargo, el animismo no consiste en un cuerpo unificado
de creencias, sino que varía inmensamente dependiendo de cada pueblo y cada
cultura. Por eso no puede considerarse totalmente como una religión, al menos
en el mismo sentido en que lo hacen las religiones modernas.
Los pueblos aborígenes ni siquiera tienen un nombre para el animismo, ya que este concepto es una construcción posterior, fruto de la antropología del siglo XIX, y atribuido a Edward Burnett Tylor (1832-1917).
Principales creencias del animismo
Como hemos dicho, el animismo no presenta un cuerpo
uniforme y homogéneo de creencias, ni se trata de una religión unificada. Por
el contrario, hablamos de formas religiosas o místicas cuyo único punto en
común es la atribución de rasgos animados o de conciencia tanto a los seres
vivos no humanos, como a los objetos inanimados: los animistas “dialogan” tanto
con las plantas y los animales, como con ríos, piedras, montañas o la luna.
Es decir, la mirada del animismo encuentra, allí adonde mire, un espíritu o un alma del mundo natural. Por eso propone ritos y rituales a través de los cuales pedir permiso, pedir perdón o cumplir con el deseo de las ánimas.
La muerte en el animismo
Para la mayoría de los sistemas animistas de creencias, la
muerte representa el tránsito hacia una existencia duradera del espíritu, ya
sea en la propia tierra o en un más allá de abundancia.
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